dilluns, 25 de febrer del 2013

Amélie - A a 6 semanas: trabajo de fuerza, frikis de gimnasio y las cosas que probablemente nunca diré

Semana de trabajo de fuerza y resistencia. Semana de mucho gimnasio, más de lo deseado. Y como la percepción subjetiva del tiempo, cuando la tarea es monótona y conocida, se acelera si se deja que la mente se entretenga en caprichosos detalles (al más puro estilo Ameliense), pues me he sorprendido evadiéndome con uno de mis pasatiempos preferidos: mis secretos-microestudios-sociológicos del universo humano circundante. Se trata de observar con detalle a l@s que me rodean y pensar aquellas cosas que les diría, pero que probablemente nunca les diré.

He observado a un atractivo veinteañero que se lía una goma alrededor del cuello, ata el otro extremo a una espaldera, y luego hace muchas, muchas, muchas repeticiones de cortos y rápidos movimientos de cervicales. ¿Será un piloto de GP2 fortaleciendo el cuello para soportar los 300km/h de la competición? ¿Será una joven promesa de la F1 que desea el amplio y fuerte cuello de Fernando Alonso? Seguro que lo consigue…  si sobrevive, porque algún día lo he visto ponerse como un pitufo y me da a mí que este va a morir auto-estrangulado antes de llegar al paddock. Le diría que cuando hace estos ejercicios con las muñecas le llamo por lo bajini “pajillator-boy”, pero probablemente nunca se lo diré. 


He observado a la abuelita capoeira. Esta añosa y canija practicante de tan curioso ¿baile? Con su kimono un tanto carcomido y raído, tiene predilección por situarse ante el espejo a ensayar durante horas sus Gingas y Au Batidos. De vez en cuando alguna de sus patadas topa con el muslo de alguna inocente corredora que tranquilamente estira su piramidal y aunque ésta se la mira con su peor cara de malas pulgas, la luchadora abrasileñada persiste en poner a prueba su paciencia y serenidad. Le diría que se autopropulsara directamente a Sao Paolo a practicar esta (supuestamente) amistosa y sin contacto actividad. Pero probablemente nunca se lo diré.




He observado al falso-albino-pakistaní. Es un peluquero de esos que hacen pruebas consigo mismos. Con su corte punki en rubio platino, sus bermudas de camuflaje y su ceñido top fucsia, se planta sin previo calentamiento en la cinta de correr, a lo bruto, la pone a 16 km/h y cuando ya no puede más, justo unos segundos antes de estamparse contra el cuadro de mandos del aparato (a los 3-4 minutos de haber empezado, como mucho), pulsa el stop de emergencia y sin estirar ni un solo músculo se desplaza a la zona de pesas, donde pasa unas 2 o 3 horas de cháchara con sus compatriotas. Curioso runner el peluquero falso-albino-pakistaní. Le diría que me parece el híbrido perfecto entre correcaminos y Rihanna. Pero probablemente nunca se lo diré.



He observado a la elegante y glamurosa treintañera de la cuidada estética body mind. Me llama la atención lo mucho que le cunden (aunque sólo psicológicamente) los ejercicios. Tras ponerse a 4 patas y hacer 5 o 10 repeticiones a lo sumo de “la patada del perrito” (o del asno, como se quiera), sin peso en los tobillos, sin gomas, sin resistencia alguna…… se levanta y se va con las manos en sus muslos, orgullosamente, comprobando los efectos del durísimo trabajo. Parece que se dice “Mmmm! Que tonificados están ahora mis glúteos, como una piedra!”. Le diría que debería cambiar los consejos de Belleza & Fitness de la Telva por un buen artículo sobre fuerza y tonificación de la SportLife. Pero probablemente nunca se lo diré.




He observado a la delicada bailarina. Tras un poco de elíptica, con muy poca resistencia, no vaya a ser que desarrolle músculo y pierda su liviana esbeltez, se calza sus bailarinas (de las de verdad) y se planta en una espaldera a repetir sus assemblés, croisés y demi pliés. Le diría que se aleje de mi, que a su lado parezco la mismísima Arantxa Sánchez Vicario antes de volverse fina. Pero probablemente nunca se lo diré.  



Y yo ahí, juzgando de frikis a los demás, con la camiseta de la Cursa de Bombers del 2003, las zapatillas amarillo flúor, los calcetines hasta la rodilla, el pelo enganchado a la frente por el sudor, los auriculares perfectamente enmarañados entre el top-sujetador y la banda torácica del pulsómetro, intentando no caerme sobre algún inocente cuando salto sobre una media pelota gigante puesta del revés, con un balón medicinal entre manos, o cuando intento no descalabrarme al simular la zancada de carrera a la pata coja, con un pie esclavo de un tirador de la última y sofisticada máquina que ha llegado al gimnasio. Dice el monitor (perdón, el técnico en fitness) que es lo último para el trabajo funcional de la fuerza. Me diría a mi misma que, visto lo visto, “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio”, pero probablemente nunca me lo diré. 



Parece que cuando mentimos se produce una activación cerebral en las profundidades del sistema límbico (centro de la emoción), los lóbulos temporales (centros de la memoria) y el lóbulo frontal (centro ejecutivo, de toma de decisiones). Eso de mentir, pues, supone un gran gasto en términos de actividad cerebral, pues el frontal, para decidir mentir tiene que suprimir la información almacenada en el cerebro (la verdad).

¡Vaya! me pregunto si toda esta activación se produce también cuando simplemente “no se dice todo lo que se piensa”, un imprescindible acto de autocontrol que asegura nuestra supervivencia en los gimnasios y otros entornos.  



¿Y qué pasa cuando nos mentimos a nosotros mismos, y nos creemos nuestras propias mentiras? ¿Se tendrán que activar zonas adicionales? Un cerebro engañándose a sí mismo, y creyéndose sus engaños…. Suena muy complicado. Tanto como no ver la viga en el ojo propio, seguramente. 

Pues de mis secretos-microestudios-sociológicos, no solo en el gimnasio, sino también durante las carreras, y con la estimable ayuda de Amelie-S, he extraído algún provechoso aprendizaje.

Que la diversidad humana es fascinante. Conviene respetarla. Y ante sus inconvenientes, mejor reírse, y mucho. “Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro. Y si dos están de acuerdo, es por un malentendido” (Jean-Paul Sartre).



En cuanto a los autoengaños..... creo que seguiré con los míos, gracias. ¡Aix! Cuánto friki hay en el gimnasio, ¿verdad?






1 comentari:

  1. Intentando averiguar qué estereotipo soy.... y que pensaría yo misma de mí misma... qué follón Amélie!

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