Tengo un diario de entrenamiento.
Lo anoto todo. Pulsaciones. Pensamientos. Ideas. Dolores. Tiempos. Ritmos.
Lugares que piso. Lo que veo. Lo que sueño. Pongo emoticonos, cada vez más. Lo
anoto todo. Ya lo he dicho. En una libreta roja. Luego lo paso a limpio en mi
portátil nuevo. En la carpeta París 2013, registros anecdóticos.
Me ha costado zambullirme en esta
segunda maratón. Desconocía el motivo hasta hoy. He comprado un libro. Son
deberes de entreno. He leído tres páginas y ya he entendido muchas cosas.
Resulta que la vida nos distrae de nuestra vida secreta. Claro! Era eso.
Tenemos tres vidas, la pública,
la privada y la secreta. Estaba alejadísima de mi vida secreta. Y confieso que
aún no estoy cerca. Pero ahora he tomado conciencia de que esto ha empezado .
Debo acercarme a mi vida secreta ya. Se acabó el distraerme con la vida.
Quizás haga como Adele en su
canción “Set fire to the rain” y la deje arder. Quizás esté ardiendo ya por eso
del año nuevo. Como París, que también
arderá. Que lo haremos arder como sea.
Para qué. Veinticuatro horas
después de que me preguntaran esto hace justo un mes, Pérez Reverte me dio la
respuesta. Hablábamos de personajes literarios. De sus personajes. De soldados
que se preparan para la batalla. “Uno
sólo es realmente joven en vísperas de la batalla. Sólo una batalla nueva te
mantiene joven de nuevo”.
Paris es la batalla Las primeras
horas del 7 de abril Amélie será eternamente joven. Envejecerá durante 42 km y
pico. Y el 8 de abril deberá pensar en otra batalla que la rejuvenezca para la
eternidad de nuevo.
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