dissabte, 13 d’abril del 2013

y París Ardió


Vendredi,   - 2 . après – midi.
Primera tarde en Montmartre, escenario de Amèlie de Poulain.  Sacré Coeur y Moulin Rouge. Amèlies intentando adaptarse a la vida sin internet. Estallamos de alegría al vernos en el escenario del primer encuentro real entre Amèlie y su amado. Aunque hoy está lleno de turistas y algún pre-maratoniano presenciando a un intrépido y fotogénico habilidoso del balón.




Samedi, -1 .
Tarde en la feria del corredor. Enorme, majestuosa, como todo en París. Bastante contenidas adquirimos complementos y souvenirs del merchandising oficial. Parece que hará frío. Necesitaremos manguitos. Hará sol. Así que toca gorra también. Algún regalito para nuestros supporters más o menos incondicionales. Encuentros Vallesanos y Carullenses. Alex y Marta, no enfermos aún del virus maratoniano, intuyen que la infección podría no ser muy improbable.






Nuit en el apartamento de Clignancourt. A 12h. Pánico. Florènce, la encargada, tiene que acudir, destornillador en mano, para arreglar la cerradura después de que nuestro maratoniano vecino israelí nos rescate y evite una inoportuna pernocta pre-maratón en la escalera. 
Pruebas de vestuario y a dormir.



Dimange, jour 0. Y París ardió.
5:30 am. Ducha caliente, desayuno y metro hacia Charles de Gaulle. 
El conocido escenario del final de La Tour de France se convierte por un día en punto de partida y campo de batalla para unos 50.000 loc@s, que bajo sus armaduras de plástico esperan que arda París a sus pies.


 


Las Amèlies, ante la falta de suficientes toilettes, enseñan su culo a Francia, antes de poner rumbo a la Rue de Rivoli, templo de tendencias.  

Salimos dejando el Triomphe atrás, con la intención de ir a su encuentro 42.195 pasos más tarde. Como casi siempre, llorando a destiempo y por quien no merece, nos emocionados por lady Di al pasar por un puente sin alma.


Como nos gusta, a contracorriente, río arriba, aparece el muro con cara de Dama de Hierro. Tras el bajón, pasar por la pequeña Place de Barcelone, nos da aliento para seguir.

Con bolas nuevas, vemos el Estadio Roland Garros. Rompemos el saque en el km 35 y, aunque mendigamos agua de la cuneta, conseguimos tener el Triomphe de cara, las rodillas bien altas, y nuestra perenne sonrisa, para cruzar la meta de la maratón de la Ville Plus Belle du Monde.




Dimange post-marathon, après midi.
Pasta Party en Clignancourt con sabor a pesto y coronada con chucherías a la francesa. Siesta de maratonianas veteranas, hasta el momento en el que se desvisten las atletas, para vestir a las mademoiselles que acuden a su cita con la nuit parisienne.





Lundi +1.
Desayunamos con l’Équipe. A toda página y en portada redescubrimos que somos dos de las 38.690 vainqueurs que coronaron gloriosas l’Arc de Triomphe parisino. 



París ardió, y hoy paseamos sobre los rescoldos, con pasos titubeantes y algo espasmódicos, aunque muchísimo más dignos que algunos de los maratonianos turistas con los que nos cruzamos por las escaleras del Louvre.
Los pompiers hoy descansan, tras regalarnos una imagen de postal en la Media.



Por la tarde, Montmartre nos atrapa de nuevo, después de una fugaz inmersión en la red para proclamar al mundo que somos Finishers! Y a seguir con lo nuestro, que para eso vinimos. Desde la cima de Montmartre divisamos el recorrido y nos cuesta creer. Pero eso hicimos.

Nuit Bohème en el Monte de los mártires. Segunda noche no atlética en la ville y el antro bohemio donde Picasso se perdía entre absenta y música de cabaret, se nos resiste. Es que es lunes, y vamos del revés! Pero un Chardonnay joven al calor de una terraza hace las veces, y la compañía pone el resto.



Dimardi, +2.
8:00 am. Recuperación activa por Montmartre bajo la lluvia. Desoímos quejas de quadriceps, soas, gemelos y otros músculos maltratados. 





Desayuno de reinas, y hacia Notre Damme. Vin Chaud à la canelle en La Esmeralda.  Pompideau y La Fayette.  

Hurto elegante de dos copas y rumbo a Trocadèro. Apagamos los últimos rescoldos con Moet Chandon y chocolate. Borrachera de lujo a media tarde ante la Torre Eiffel. Risas en el fotomatón. Regalitos y golosinas para las Amèlies de zapatitos bonitos y a por la última cena al más puro estilo francés: omelette, champagne rosé y brie. Copita canallita en el bar de la esquina para despedir la nuit parisienne.


 


Mercredi, +3.
Resaca en el monte de los mártires. En busca de más queso y chocolate, el destino nos lleva Au Cimetière de nuestro barrio. Las tumbas y mausoleos del siglo XIX, donde yacen ilustres como el realista Stendhal nos recuerdan que, como al pisar la meta, “muy a menudo las lágrimas son la última sonrisa del amor” y que “al final de la visita, siempre se acaba por tratar al amante mejor de lo que se quisiera”.



Más tarde la casualidad nos lleva a repostar en el café-brasserie de Le Deux Molins, escenario central del film de Jean-Pierre Jeunet.





Ya de regreso a Barcelona, un ratito en el aeropuerto Charles de Gaulle da para satisfacer los más bajos impulsos cleptómanos, los más elevados deseos consumistas y las necesidades primarias más básicas. 
Una breve ojeada gratuita en la web de la organización nos permite cerciorarnos de que sí, realmente las rodillas iban bien altas. Ya compartiremos la imagen con nuestros amig@s cuando compremos los originales, que la ocasión lo merece. De momento, subimos al avión, y vamos a ver si es cierto eso de que "todos los caminos llevan a Roma". Questa storia continuare...... 







dilluns, 1 d’abril del 2013

A 6 días Tomaso escribe a las Amélies....

Estaba hecho de tantas semana santas que tenía miedo y cobardía. Siempre acababa regalando chucherías a la chica más guapa y menos cruel. Me sonreía siempre desde la moto de su novio.

Había pensado en preguntar al camarero cómo besan las chicas guapas que llevan zapatitos bonitos. Me respondió que las chicas bonitas, como en la canción de Pereza, siempre se llaman Amélie.


Decidí, con cierto desorden y manifiesto error, ocuparme en la búsqueda de Amélie. Entre malasaña y la latina, paseando por los garitos de Madrid, soñé esquinas y primaveras. Un brillo en la puerta del sol, una putita africana y guapa en la calle montera. Un camello enamorado de una artista de cine español.


Probé en los bares Tomás y Tomasa, acercándome a las niñas de la Uni, por si todavía quedaba un resquicio en sus ojos, una pequeñas sonrisa de cuento, una película, un día, un esfuerzo, un espacio.


Pasé diez días sin dormir antes de dar un paseo de cuarentaydos kilómetros. Pensaba en regalarle una rosa a mi banquera, en invitar al cine a su hermana. Pensaba en Patience y en los ojos de Patrize.


Al final, sin razón ni excusa, me ví envuelto en una multitud de azúcar, ritmo sincopado de zapatillas, chiquillas con patines ofreciendo glucosa, morenitas simpáticas en la casa de campo hidratándose y comiendo plátanos.


Cuando llegué a la meta me olvidé de que buscaba a Amélie. Pero hoy lo he recordado. Voy a salir pensando en las súper Amélies de París. Tal vez les regale chucherías la próxima vez. Y no podrán evitar pensar en mi cuando lleguen a la meta. 

Estamos hechos del material de los sueños, de las conquistas inútiles, de los esfuerzos vanos. 
Dijo Maradona que sentía ,al ganar el mundial, un raro abatimiento. Llegar a la meta es el peor de los pecados.
 Lo importante es seguir buscando la pequeña sonrisa de Amélie, entre la multitud, entre los dolores y los sabores. 


Y en esa búsqueda, y en esa obstinación, podréis sonreír como Amélie.


 Arde París, guapas!!! 

por Tomaso Dinamita

dilluns, 25 de març del 2013

Amélie-S a 14 días: Joyeux anniversaire intentando volver a ganar


Hoy las Amélies cumplimos nuestro primer aniversario con el maratón. Hace un año vivimos, cada una a nuestro modo, un día único que nunca se repetirá. Fue algo así como perder la virginidad.

Es inevitable recordarlo. Amélie-A nos hablaba de la banda sonora que la acompañó en esos 42. Yo recuerdo puntos kilométricos y personas.  Si las enumero todas no me quedará espacio en este post para contar cómo llevamos este último suspiro hasta París. Lo que está claro es que todas forman parte de esta Amélie…

…“Amélie”….por fin he visto la película. Reconozco, con un poco de vergüenza, que hasta hace unas horas utilizaba el nombre de la protagonista de esta maravillosa criatura sin haber visto la película de donde ha salido.

Este segundo maratón es ameliense. Ahora puedo afirmarlo con rotundidad. Su preparación ha estado plagada de pequeñas cosas, de atender a esos pequeños detalles  que rodean a cualquier experiencia. Como en “Amélie”.  Ha estado preparado, sobretodo,  con el corazón, y así se correrá en apenas dos semanas.

Y así ha sido nuestro último entreno ameliense conjunto. Lleno de detalles. Rodeando  el castillo de Montjuic que tantos secretos pequeños, raros y bellos nos ha oído contar en estos meses. Estirando tumbadas en un césped a la bartola mientras imaginamos por enésima vez cómo será todo. Y transformando en ironía todo lo que nos provoca rozaduras.

Así acabaré mi entreno para este maratón ameliense. Y seguro que mi partenaire Amélie-A también. Correré donde me gusta. Como me gusta. Entre almendros florecidos, disfrutando de las casualidades,  escuchando algún grito de “Come on Amélie” desde la ventanilla de algún coche, discutiendo con mi madre que disimula para que no me dé cuenta que ya entiende  lo de vibrar y correr,  y compartiendo secretos con Amélie-A que es tan Amélie como la auténtica Amélie.

El entreno lo empecé leyendo un libro de Xesco Espar donde  dice algo así como que “lo importante no es ganar, es tener la capacidad de volver a ganar”. Ahora sé que para que eso pase uno tiene que ser un poco Amélie.

Lo que uno descubre preparando una maratón no cabe en cuarenta y dos kilómetros y pico, ni en una canción…., ni en la playlist perfecta que nos proponen desde los suplementos dominicales, pero cerraré este post compartiendo algo ideal para un kilómetro 30, vamos, para un momento de esos de mirar al cielo y ver la Tour Eiffel. “New sensation” de INXS . Porque las sensaciones son nuevas, el maratón es nuevo y nosotras somos nuevas. Porque ahora que esto está llegando al final ya sólo corremos con el corazón.

dijous, 21 de març del 2013

Amélie – A a 16 días: ¡Silencio! ¡Se rueda!



¿Por qué llamarán “rodar” al hecho de salir a correr un poquito a ritmo tranquilito?  Pues yo lo llamo “salir a correr tranquilita”. Así de simple. Y así de complicado en ocasiones.
Quedan apenas 16 días para la Marathon de París y, además de salir a correr tranquilita todas las veces que mis obligaciones laborales y mis odiosas lumbares me lo han permitido, he empezado a pensar en la banda sonora del paseo parisino.



El año pasado en la Marató de Barcelona 2012, con la maravillosa coincidencia numérica entre mi edad y los km de la deportiva prueba, decidí seleccionar el mismo número de canciones, todas ellas “preferidas” y todas ellas escuchadas y/o bailadas en los correspondientes años, a lo largo de los 42 que llevaba entonces mi vida.
Para mi asombro, en 1969 triunfaban los Creedence Clearwater Revivial y su Proud Mary, además de  Jane Birkin y su sensual Je t’aime moi non plus…. Esta última sería muy adecuada para el rodaje primaveral por Les Champs Elysees.




Pero lo cierto es que hace un año arranqué en el km 1 con una versión de 1969 de Gloria, de Patti Smith, porque aunque a esa edad no escuchaba música (voluntariamente, al menos) siempre he tenido por ídolos a las grandes rockeras.  Cruzando las torres venecianas grité y grité, con esa adrenalina que no te deja pensar … grité ese “People say 'beware!' But I don't care. The words are just rules and regulations to me”.




Por el 5K pasé por el Camp Nou al ritmo de Abba. Contradiciendo la letra de Waterloo, me prometí que, en La Marató y en el Barça, rendirse y ser derrotada… ¡nunca!!

Por los 10k troté al ritmo de Olivia Newton John & John Travolta, intentando recordar cómo me crecía a los 10 años delante del espejo imitando a Fany, la hermana mayor de una de mis amigas, gran ejecutora del You are the one that I want. Estaba convencida que Fany era igualita que la Newton-John. Casi segura que si la viera ahora mismito me daría cuenta de que no. ¡Qué engañosa es la idealización preadolescente!
Contradiciendo a Amélie-S... a veces las versiones son mejores que los originales, y si no escuchen.... 




Al paso por la media, Smells like teen spirit, de Nirvana, me hizo recordar la época grunge,  trash… o como quiera que se llame. Entonces se llamaba “yo paso de superficialidades y materialismo, porque con unos mismos vaqueros (rotos estratégicamente) y unas mismas all-star (o camperas en su defecto), y una roñosa  camiseta de franela, pues puedo tirar todo el invierno y parte del verano; lo que cuenta es la belleza interior”…. ¡Como han cambiado las cosas! (palabra de adicta a Custo).
¿El  muro?  Pues a los 32K, es decir, en el 2001, disfruté del silencio, con Depeche Mode….. eso ya son palabras mayores… elecciones algo más maduras.
Y finalmente, el paso por meta lo hice con …… pues … ¡no me acuerdo! 
Tenía el Girls gone Wild de Madonna, por su capacidad para reinventarse a sí misma, y vivir siempre proyectada hacia el futuro, y tenía el Just Can’t get enought, versionado por Nouvelle Vague, simplemente porque me encanta….. 





pero el año pasado en Barcelona, al paso por meta NO OÍ NADA!! ¿Por qué será? Probablemente me sobraba la música…. En mi cabeza ya había bastante fiesta.

Repasando la selección musical, hecha con absoluta sinceridad, sin “pretensionismos”, sin “presentismos”, y sin ninguna vergüenza (debo confesar que incluso escuché El Gato Triste y Azul que me ponía incansablemente a los 5 años) elaboré, terapéuticamente hablando (aunque con cierto retraso evolutivo) mi cuarentañera crisis, esa recurrente crisis que tantos gastos en psiquiatra y/o cirujano ha conllevado a tantos de mis coetáneos, runners o no.


A medida que mis zapatillas tragaban kilómetros, iba dejando atrás el pasado y me iba sintiendo más y más libre, más y más ligera…. Bueno, la pérdida hídrica acelerada por la cafeína de todos los geles que me zampé supongo que hizo lo suyo.

Pero el caso es que por ello este año, para el paseo parisino creo que mejor voy a ir libre de equipaje. Este año sólo habrá presente. El aquí y el ahora se van a imponer. 

Quiero silencio. Quiero escuchar mis pasos, mi respiración, disfrutar de la charla con Amelie-S….  y el/la que se preste... y no quiero perderme esos gritos de ánimo en francés…. o lo que tengan a bien dedicarme los muchos amigos de mi amante francés que por el camino espero encontrar. 




Por ello amig@s este año he decidido (contradiciendo a la auténtica Amélie de Poulain y su manía de los ensayos y las obras que nunca se estrenan) empezar el Marathon de Paris gritando algo así como …. ¡Silencio! ¡Se rueda! Porque esta obra sí se va a estrenar y para ello mucho se ha tenido que rodar hasta la fecha.

dijous, 14 de març del 2013

Amélie-S a 24 días: Habemus #blueline


Mientras Amélie-A alternaba esterilla, compex y antiinflamatorios, en Barcelona sacaban el bote de pintura azul para pintarla. La línea azul. Ésa que mide 42,195 km y que muchos recorrerán por primera vez este domingo.


Las Amélies trotaremos unas tres cuartas partes más o menos. De momento sin ganas. Supongo que los recuerdos pesan demasiado. Pero no importa. Será un entreno disciplinario. Y una mañana para compartir con los que se estrenan, con los que repiten, con los que buscan sensaciones y con los que acompañarán a todos los anteriores. En definitiva, una fiesta.

En París aún no huele a pintura. De momento la nieve lo cubre todo. Fantástica la nieve. A mí me gusta porque no hace ruido. Y porque cuando nieva todo es nuevo. Todos lo miramos todo como si nunca hubiéramos visto nada igual. Y no importa la edad. Todos miramos con ojos de tres años.

Pero, por más que me guste la nieve, quiero correr en tirantes en París. Así que lo desearé con fuerza que seguro que funciona.  Estoy ya con el síndrome premaratoniano, como veis. Que es como el premenstrual, pero a lo bestia. Cambios de humor, ganas de llorar, de reír, euforia, desánimo. Rarezas mil. De hecho, así he visto a alguno que se estrenará el domingo y con quien compartí justo ayer entreno “a lo hámster” en cinta.

Semana tranquila por lo demás. Que el follón ya estaba en la chimenea del Vaticano. Habemus papam y, gracias a dios (nunca mejor dicho), con margen suficiente para que el gran hermano de cardenales no altere el horario del maratón de Roma que también es el próximo domingo. En Roma también huele a pintura….bueno….y a humo blanco.

Semana de rematar entrenos, kilómetros, estiramientos y sensaciones. Y de alimentar motivaciones. Todo empieza a oler a Möet y a Chandon, y a saber  a brie y a foie y a sonar a lo Bruni. Aunque yo, con el permiso de todos los artistas franceses, llevo una semana estirando al son de “me sumerjo” de Sanz. Y es que no sé si es por el síndrome premaratoniano, pero creo que Alejandro la ha compuesto para que estire mis isquios.

Y con esta canción en mente sólo puedo desear a mis compañeros del Sígueme, en especial a Juan, Óscar y Silvia, que, como canta Sanz en esta canción, os sumerjáis. Que vuestra es la cometa y vuestro el aire, así que a volar. 

dijous, 7 de març del 2013

Amelie-A a 30 días. Científicamente demostrado: la culpa es del culo





Contando ya el tiempo no en meses, ni en semanas, sino en días. Como la londinense Perri Shakes-Drayton esperando en el tartán de Göteborg la cuenta atrás que la llevó a recorrer los 400m en el mejor tiempo mundial de la temporada, las Amelies estamos contando también hacia atrás, intentando controlar el pánico con mucha running-terapia, aquelarres e intentando seguir los científicamente avalados y demostrados planes de entrenamiento
Para eso están los planes ¿no? Para que todo salga bien. Ja ja ja ja! Permitan que me ría yo del método científico. 



Como científicamente demostrado está el efecto “Fastinistas”, o fenómeno “stunners”. Si llevas unos coloridos calcetines compresivos, pantalón muy corto o braga de atleta, manguitos de diseño y una carísima sport-skirt, corres veloz como una gacela. Seguro. 
Dicen los entendidos que si te vistes como una rápida corredora de élite, te sientes así, y lo das todo de verdad. 
Será que el hábito hace más al monje de lo que Amelie-S cree. O será simplemente que, de esa guisa, llegar de las últimas tiene que dar una vergüenza que te cagas. En todo caso, a París me llevo la minifalda. Decidido.

Científicamente demostrado también está que unos gintonics la noche anterior a la carrera y  ..... voilà! mejor marca personal. Amelie–S lo llama el “efecto Romario”, y funciona. Es por la quinina de la tónica. Producto de la quina y compuesta de alcaloides, tiene unas maravillosas propiedades antioxidantes, digestivas, depurativas y ligeramente estimulantes.



Demostrado también científicamente que correr con zapatillas con poco drop hace que vueles fácilmente como una atleta por las sabanas de Kenia. 




O que si corres en la cinta al lado de otr@ corredor@ con el velocímetro visible, acabas compitiendo, y entrenando a mayor ritmo del previsto. 



O que las mujeres tenemos mayores capacidades innato-evolutivas para las carreras de fondo, por nuestra ancestral y amada tendencia a acumular grasa y por nuestro apático metabolismo.


Y hablando de acumular grasa ….. de mi comprometida y angustiosa situación actual, está científicamente demostrado que la culpa es del culo. 

Y no es por lo de tener o no ahí un imán, que seguramente lo tengo (como Amelie-S lo tiene en otro sitio que yo me sé), sino porque parece que cuanto más respingón, más fuerte, y más tonificado, más rabioso el piramidal. 
Y los envidiosos bíceps femorales, por no hablar de los malvados lumbares, que se agarrotan a la mínima para no ser menos, y ya me puedo liar la manta (eléctrica en este caso), aunque no a la cabeza, precisamente. 
Banderillazo en glúteo mayor, antiinflamatorios y reposo deportivo.   Esto no estaba en el plan. Científicamente demostrado. 
La culpa es del culo.






divendres, 1 de març del 2013

Amélie-S a 5 semanas: Cajas y entrenos behobianos


La cuenta atrás oficial se acerca y está haciendo que todo se coloque. Esta semana ha sido mentalmente catártica para mí  y para Amélie-A. Para contento de alguno de nuestros fieles lectores vamos a reconocer ya que en esta maratón hay muchos paraqués.

Se está convirtiendo en toda una catarsis. Es como una terapia. Como una dieta de ésas de desintoxicación que duran unas semanas. Nosotras tenemos previsto lanzar toxinas por la borda durante 42 km. Pero antes, todo eso tóxico que nos hace estar más feas, más insoportables, más tristes y más rabiosas, va a ser encerrado en unas preciosas cajas.

Así lo decidimos en el entreno ameliense conjunto de esta semana. Al más puro estilo behobiano salimos juntas a comernos el mundo en la tarde más fría, lluviosa y con más viento de la semana.

Cual aquelarre, nuestro entreno se llenó de pequeñas charlas con grandes ideas, pócimas, secretos, gritos, risas malvadas, más gritos, viento en contra, lluvia, agua de mar, saltos, viento a favor, mucho más viento en contra y confianza en que el brebaje que estamos cociendo mandará a quien debe al coche escoba. Su lugar.


Mientras encontramos las cajas adecuadas para encerrar lo que nos estorba disfrutamos del entreno. De las olas agitadas del mar, como nosotras. De la vista del hotel Vela entre la borrasca, del único transeúnte por el paseo de la playa que nos echó unas fotos entre risas. Del viento rellenando cortavientos, de los semáforos en movimiento y de nuestro olor a humedad.

Dice el runner enfurecido que maneja el cotarro en twitter que estos entrenos valen por dos.  En esto voy a darle la razón. Cuando quieras te invitamos a un aquelarre runero de estos y te desintoxicas un poquito tú también. Acabarías más guapo, más soportable, más contento, menos rabioso y con lo que te perturba dentro de una bonita caja a destruir. Resultados garantizados.

La semana menos 6 acabó con un aquelarre behobiano y la semana menos 5 empezará con la mitja marató de Montornés. Seguramente la celebraremos con un chacolí y un “lo que surja” y la correremos con unos “Little talks”.