Vendredi, - 2 . après – midi.
Primera tarde en Montmartre, escenario de Amèlie de Poulain. Sacré Coeur y Moulin Rouge. Amèlies
intentando adaptarse a la vida sin internet. Estallamos de alegría al vernos en
el escenario del primer encuentro real entre Amèlie y su amado. Aunque hoy está
lleno de turistas y algún pre-maratoniano presenciando a un intrépido y
fotogénico habilidoso del balón.
Samedi, -1 .
Tarde en la feria del corredor. Enorme, majestuosa, como todo en París.
Bastante contenidas adquirimos complementos y souvenirs del merchandising
oficial. Parece que hará frío. Necesitaremos manguitos. Hará sol. Así que toca
gorra también. Algún regalito para nuestros supporters más o menos
incondicionales. Encuentros Vallesanos y Carullenses. Alex y Marta, no enfermos
aún del virus maratoniano, intuyen que la infección podría no ser muy
improbable.
Nuit en el apartamento de Clignancourt. A 12h. Pánico. Florènce, la
encargada, tiene que acudir, destornillador en mano, para arreglar la cerradura
después de que nuestro maratoniano vecino israelí nos rescate y evite una
inoportuna pernocta pre-maratón en la escalera.
Pruebas de vestuario y a dormir.
Dimange, jour 0. Y París ardió.
5:30 am. Ducha caliente, desayuno y metro hacia Charles de Gaulle.
El
conocido escenario del final de La Tour de France se convierte por un día en
punto de partida y campo de batalla para unos 50.000 loc@s, que bajo sus
armaduras de plástico esperan que arda París a sus pies.
Las Amèlies, ante la falta de suficientes toilettes, enseñan su culo a
Francia, antes de poner rumbo a la Rue de Rivoli, templo de tendencias.
Salimos dejando el Triomphe atrás, con la intención de ir a su encuentro
42.195 pasos más tarde. Como casi siempre, llorando a destiempo y por quien no
merece, nos emocionados por lady Di al pasar por un puente sin alma.
Como nos gusta, a contracorriente, río arriba, aparece el muro con cara de
Dama de Hierro. Tras el bajón, pasar por la pequeña Place de Barcelone, nos da
aliento para seguir.
Con bolas nuevas, vemos el Estadio Roland Garros. Rompemos el saque en el
km 35 y, aunque mendigamos agua de la cuneta, conseguimos tener el Triomphe de
cara, las rodillas bien altas, y nuestra perenne sonrisa, para cruzar la meta
de la maratón de la Ville Plus Belle du Monde.
Dimange post-marathon, après midi.
Pasta Party en Clignancourt con sabor a pesto y coronada con chucherías a
la francesa. Siesta de maratonianas veteranas, hasta el momento en el que se
desvisten las atletas, para vestir a las mademoiselles que acuden a su cita con
la nuit parisienne.
Lundi +1.
Desayunamos con l’Équipe. A toda página y en portada redescubrimos que
somos dos de las 38.690 vainqueurs que coronaron gloriosas l’Arc de Triomphe
parisino.
París ardió, y hoy paseamos sobre los rescoldos, con pasos titubeantes y algo espasmódicos, aunque muchísimo más dignos que algunos de los maratonianos turistas con los que nos cruzamos por las escaleras del Louvre.
París ardió, y hoy paseamos sobre los rescoldos, con pasos titubeantes y algo espasmódicos, aunque muchísimo más dignos que algunos de los maratonianos turistas con los que nos cruzamos por las escaleras del Louvre.
Los pompiers hoy descansan, tras regalarnos una imagen de postal en la
Media.
Por la tarde, Montmartre nos atrapa de nuevo, después de una fugaz
inmersión en la red para proclamar al mundo que somos Finishers! Y a seguir con
lo nuestro, que para eso vinimos. Desde la cima de Montmartre divisamos el
recorrido y nos cuesta creer. Pero eso hicimos.
Nuit Bohème en el Monte de los mártires. Segunda noche no atlética en la
ville y el antro bohemio donde Picasso se perdía entre absenta y música de
cabaret, se nos resiste. Es que es lunes, y vamos del revés! Pero un Chardonnay
joven al calor de una terraza hace las veces, y la compañía pone el resto.
Dimardi, +2.
8:00 am. Recuperación activa por Montmartre bajo la lluvia. Desoímos quejas
de quadriceps, soas, gemelos y otros músculos maltratados.
Desayuno de reinas, y hacia Notre Damme. Vin Chaud à la canelle en La Esmeralda. Pompideau y La Fayette.
Desayuno de reinas, y hacia Notre Damme. Vin Chaud à la canelle en La Esmeralda. Pompideau y La Fayette.
Hurto elegante de dos copas y rumbo a
Trocadèro. Apagamos los últimos rescoldos con Moet Chandon y chocolate.
Borrachera de lujo a media tarde ante la Torre Eiffel. Risas en el fotomatón.
Regalitos y golosinas para las Amèlies de zapatitos bonitos y a por la última
cena al más puro estilo francés: omelette, champagne rosé y brie. Copita
canallita en el bar de la esquina para despedir la nuit parisienne.
Mercredi, +3.
Resaca en el monte de los mártires. En busca de más queso y chocolate, el
destino nos lleva Au Cimetière de nuestro barrio. Las tumbas y mausoleos del
siglo XIX, donde yacen ilustres como el realista Stendhal nos recuerdan que, como
al pisar la meta, “muy a menudo las
lágrimas son la última sonrisa del amor” y que “al final de la visita, siempre se acaba por tratar al amante mejor de
lo que se quisiera”.
Más tarde la casualidad nos lleva a repostar en el café-brasserie de Le
Deux Molins, escenario central del film de Jean-Pierre Jeunet.
Ya de regreso a Barcelona, un ratito en el aeropuerto Charles de Gaulle da
para satisfacer los más bajos impulsos cleptómanos, los más elevados deseos
consumistas y las necesidades primarias más básicas.
Una breve ojeada gratuita
en la web de la organización nos permite cerciorarnos de que sí, realmente las
rodillas iban bien altas. Ya compartiremos la imagen con nuestros amig@s cuando
compremos los originales, que la ocasión lo merece. De momento, subimos al avión, y vamos a ver si es cierto eso de que "todos los caminos llevan a Roma". Questa storia continuare......
















