Mientras Amélie-A alternaba
esterilla, compex y antiinflamatorios, en Barcelona sacaban el bote de pintura
azul para pintarla. La línea azul. Ésa que mide 42,195 km y que muchos
recorrerán por primera vez este domingo.
Las Amélies trotaremos unas tres
cuartas partes más o menos. De momento sin ganas. Supongo que los recuerdos
pesan demasiado. Pero no importa. Será un entreno disciplinario. Y una mañana
para compartir con los que se estrenan, con los que repiten, con los que buscan
sensaciones y con los que acompañarán a todos los anteriores. En definitiva,
una fiesta.
En París aún no huele a pintura.
De momento la nieve lo cubre todo. Fantástica la nieve. A mí me gusta porque no
hace ruido. Y porque cuando nieva todo es nuevo. Todos lo miramos todo como si
nunca hubiéramos visto nada igual. Y no importa la edad. Todos miramos con ojos
de tres años.
Pero, por más que me guste la
nieve, quiero correr en tirantes en París. Así que lo desearé con fuerza que
seguro que funciona. Estoy ya con el
síndrome premaratoniano, como veis. Que es como el premenstrual, pero a lo
bestia. Cambios de humor, ganas de llorar, de reír, euforia, desánimo. Rarezas
mil. De hecho, así he visto a alguno que se estrenará el domingo y con quien
compartí justo ayer entreno “a lo hámster” en cinta.
Semana tranquila por lo demás.
Que el follón ya estaba en la chimenea del Vaticano. Habemus papam y, gracias a
dios (nunca mejor dicho), con margen suficiente para que el gran hermano de
cardenales no altere el horario del maratón de Roma que también es el próximo
domingo. En Roma también huele a pintura….bueno….y a humo blanco.
Semana de rematar entrenos,
kilómetros, estiramientos y sensaciones. Y de alimentar motivaciones. Todo
empieza a oler a Möet y a Chandon, y a saber a brie y a foie y a sonar a lo Bruni. Aunque
yo, con el permiso de todos los artistas franceses, llevo una semana estirando
al son de “me sumerjo” de Sanz. Y es que no sé si es por el síndrome
premaratoniano, pero creo que Alejandro la ha compuesto para que estire mis
isquios.
Y con esta canción en mente sólo
puedo desear a mis compañeros del Sígueme, en especial a Juan, Óscar y Silvia,
que, como canta Sanz en esta canción, os sumerjáis. Que vuestra es la cometa y
vuestro el aire, así que a volar.
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