Tras días en los que la acumulación de zancadas y una inoportuna gastroenteritis ha dejado a esta Amélie-A más alicaída que un@ triatleta cruzando la meta del Ironman sin un bebé que echarse a los brazos, es buen momento para pensar sobre las razones que nos mueven.
Como afirmó Nietzsche “quien tiene un buen porqué (para vivir) se puede enfrentar a todos los cómos”.
Y como dicen los franceses que “el amor que solo se alimenta de presente, siempre tiene hambre”, esta semana regresé a mi pasado a la búsqueda de los porqués de este amoroso proyecto.
Como afirmó Nietzsche “quien tiene un buen porqué (para vivir) se puede enfrentar a todos los cómos”.
Y como dicen los franceses que “el amor que solo se alimenta de presente, siempre tiene hambre”, esta semana regresé a mi pasado a la búsqueda de los porqués de este amoroso proyecto.
Un reciente mediodía, con piernas y mente más que fatigadas, crucé la Barceloneta con flemático paso (a más de 6:30 min/km, no miento), reproductor de música en mano, sudadera de algodón, gafas de sol completamente rompibles, de las que no son para correr, shorts de women's secret, de los que tampoco son para correr, esporádicos y estratégicos reposos para atisbar todo lo necesariamente "atisbable", y algo de dinero en el bolsillo, por si a caso el regreso se antojaba irrealizable.
Me imaginé en esa época en la que algun@s practicábamos el footing, en mi caso porque cada una de las zancadas, por muy torpes y arduas que fueran, me alejaban de malos humos y otros enemigos del alma, por lo del corpore sano.
Y así, sin buscarlo e inmersa en pleno running-vintage, me asombré al descubrir lo impredecibles que pueden ser las cosas a veces. ¿Quién me iba a decir a mí que un decenio después de arrastrarme, casi literalmente, por la Ciutadella, despotricando de turistas despistados que buscando el mejor enfoque reculan ignorante y egoístamente y te obligan a quiebros casi imposibles … quién me iba a decir a mí, insisto, que estaría preparando mi segundo maratón? Pues nadie.
Y tras este regreso a las raíces de mis zancadas, decidí emular plenamente a mi ídolo Kilian Jornet, transmisor del valor de la simplicidad, y que también se dopa (estimula su dopamina, neurotransmisor implicado en los sistemas cerebrales de placer y refuerzo) aunque lo hace, a diferencia de Lance (eh, Amélie-S!) aventurándose en fascinantes proyectos, quizá en busca del significado de su vida (al más puro estilo "Nietzschediano").
Y alimentándose sanamente, se le supone también!!!!
Y alimentándose sanamente, se le supone también!!!!
Pero tranquil@s, que emulando a Kilian no coroné ningún 4000m. No corrí día y noche. No troté por la nieve con esquíes a la espalda y a pecho descubierto. ¡Nada de todo eso!
Emulando a Kilian esta semana la inicié “abusando un poquito” (Nietzsche era muy de contradicciones) del pan con Nutella.… y la finalicé con una hermosa y purgativa gastroenteritis (vírica ¡no culpen a la rica crema de chocolate!).
Emulando a Kilian esta semana la inicié “abusando un poquito” (Nietzsche era muy de contradicciones) del pan con Nutella.… y la finalicé con una hermosa y purgativa gastroenteritis (vírica ¡no culpen a la rica crema de chocolate!).
Y cuanto más leía, más me apetecía la Nutella.
Una semana después, convaleciente y reposando, pienso en Kilian y el valor de la simplicidad, y pienso que encontrar los porqués no es sencillo, pero ¡no puede ser más difícil que untar Nutella en pan a 20 grados bajo cero!
Encontrar el cómo creo que ya lo he logrado. Con empeño, disciplina, optimismo… y dejándose ayudar por l@s que desean hacerlo, (incluidas las Amélies que vienen y te hierven arroz blanco), e ignorando todo lo demás.
Me despido con un un vídeo de unos 35.000 loc@s haciendo el indio por allá, por París !!!





