Sí, Amélie-S. Yo también he
estado leyendo. Y ¿sabes qué? He sabido que el joven maratoniano Pablo
Villalobos piensa que “el maratón es una
prueba que te exige en el día a día, pero no siempre con intensidad, que (te
exige) solo que estés ahí, que cumplas, como una pareja”. Y he pensado en
amor y compromiso, en nuestro apasionado y compartido gran amor francés. Porque
como las parejas de ilusionados novios, que se reservan iglesia y capellán con casi
un siglo de antelación, riéndose a la cara de los infinitos e imprevisibles
derroteros que puede tomar el destino, nosotras nos hemos citado con él. Hemos
prometido estar ahí, ese lejano día del frío mes de abril, puntuales a las
8:00am en la Avenue des Champs-Élysées, con nuestro preciado
dorsal, nuestra cara de miedo, nuestras risas nerviosas, y esas tremendas ganas de
demostrar que se le puede rendir una digna batalla al azar. Porque todo estará ya
pensado. Porque todo es una gran estratagema. Como la joven novia que se ha
soñado mil y una vez frente al altar y conoce ya todos los diminutos detalles de su soñado vestido nupcial, nosotras sabemos ya qué nos vestirá en la batalla, qué
frase ingeniosa luciremos a nuestra espalda y qué motivador mantra sonará en
nuestra cabeza ante la más mínima señal de debilidad física o mental. Sí
Amélie-S, ya sé que no somos vírgenes. Que tenemos un pasado, y como el primer
amor, ninguno. Fíjate que creo que tras Barcelona 2012 ni siquiera tuve
agujetas. Si esto no es idealización.... que baje Filípides y lo vea! Pero este
amor será el verdadero. Por él haremos grandes sacrificios. Esta vez nada de
donuts a media mañana, ni gintonics a media noche. ¿Infidelidades? Ninguna.
Porque a este francés, exigente y maduro como será, no se le va con un esguince
contraído en cualquier trialera de mala muerte. Aunque la cabra tire al monte,
ahora toca sentar cabeza. Algún crosstrainning piscinero y exento de riesgos
será nuestro único escarceo. ¿Despedida de soltera? La habrá Amèlie-S. Arderá París.
Pero después de la ceremonia, cuando tengamos ya a al francés conquistado y rendido a nuestros pies. No
vaya a ser que la vida real nos distraiga demasiado! Y Amélie acabe teniendo razón en
eso de que “el destino se cumple fracasando”. Dice este tal Pablo
que el maratón “es como un salto al
vacío, que nunca sabes qué te espera al final…” y mira, quizá tenga su razón.
Durante las próximas semanas nos entregaremos en cuerpo y alma a la racional
lógica de este gran amor, nos someteremos a planes, guías, pautas, centenares de mandamientos….
Pero al final se tratará de una gran batalla librada al destino, como lo son todas las
promesas que se hacen por amor. En palabras de la verdadera Amélie, “la vida es el
ensayo de una obra que nunca se estrenará”. Pues ensayemos!!!
Como Amèlie, cuya vida cambiaría en las siguientes 48h, aunque ella aún no lo sabía, nuestras vidas quizá cambien en los 42.195 metros que nos lleven al Arc de Triomphe, y como Amèlie, somos dos colegas runners que amamos los pequeños detalles, y es por ello que compartimos nuestra experiencia. Este es el cuaderno de bitácora de un proyecto: el segundo maratón de nuestras vidas, pero el primero fuera de "la nostra meravellosa Barcelona": le Marathon de Paris 2013.
divendres, 4 de gener del 2013
Ménage à trois
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